A continuación tenemos el artículo recibido de nuestro enviado especial al norte de Francia, Jules. Ha pasado una tarde entera viendo y examinando PSY, el nuevo show de Les 7 Doigts de la Main. Aquí os dejo el artículo con sus impresiones:

ESPECTÁCULO: PSY
COMPAÑÍA: LES 7 DOIGTS DE LA MAIN
LUGAR: COLISEO DE ROUBAIX, FRANCIA
FECHA: 23/03/12

PSY, de « Les 7 Doigts de la Main »: una cosa de locos.

¿Un espectáculo sobre el tema de la psicoterapia? Es el reto osado aceptado por la compañía de circo de Quebec Les sept doigts de la main y su formidable equipo de artistas. Para el espectador, es difícil de imaginar lo que se va a encontrar ya que los dos temas de circo y psicoterapia parecen incompatibles, mal combinados. ¿Entonces, que vamos a ver? Mientras se instala el público, se repite una proyección de video representando unas manchas de tinta que se agrandan lentamente para dibujar unas de esas figuras enigmáticas del test de Rorschach. La escena evoca un despacho de psicólogo muy estereotipado, con la silla del doctor y el diván del paciente. Un trapecio está colgado al techo. ¿Cómo compaginar estos dos universos tan paralelos?, ¿solo se tratará de coger los códigos estéticos del universo del psicoanálisis y usarlo de telón de fondo?, ¿cómo hacer para que coexistan proezas acrobáticas espectaculares e inmersión en el interior de uno-mismo?, ¿cómo acercar un arte de los cuerpos y del movimiento basado en el control de uno-mismo, con una ciencia del espíritu y del lenguaje, que se desarrolla justo donde aflora el inconsciente, el desaferrado y el incontrolado? Se apagan las luces y la respuesta llega como una bofetada.

Las escenas y los números que constituyen el conjunto del espectáculo se encadenan, más bellos e impresionantes los unos que los otros, servidos por un reparto de artistas polivalentes y excepcionalmente dotados. Estamos a la frontera entre el circo, la danza, el mimo y la comedia, con una voluntad asumida de pasar los límites del género. El carácter onírico de las escenas representadas está sostenido por una banda sonora electro, que debe mucho a Caravan Palace, Birdy Nam Nam o The Avalanches. Los personajes evolucionan en el escenario, cada uno con sus propios demonios, solo con sus angustias y sus límites. Guiado por unas voces interiores, un hombre encadena unas figuras incongruentes en un trapecio. Otro, que sufre de trastornos obsesiónales del comportamiento, se agita en medio de la muchedumbre que lo lleva en un ballet acrobático endiablado. El trastorno psíquico se expresa por el cuerpo, haciendo de esos enfermos unas figuras extrañas, extraordinarias y poéticas. Neurosis y traumatismos causan unas imágenes de una originalidad e intensidad cautivantes. Un hombre rememora sus recuerdos de infancia, y una merienda de cumpleaños se vuelve en un baile de cuchillos impresionante. El humor, sobretodo, es omnipresente. Una persona que sufre de insomnio intenta encontrar una posición para dormir en un mástil chino. Una terapia de grupo que se convierte en una leonera cuando cada uno da rienda suelta a sus emociones en un desorden alegre.

Pero toda esta alegría de vivir no impide tratar asuntos serios como la alienación social y la frustración engendrada por los trastornos psíquicos. Un hombre tímido en la busca de su identidad ve los otros llevando mascarillas blancas sin expresiones entonarle un baile amenazante, antes de ponerse él mismo una mascarilla al revés, para bailar en equilibrio con los pies en el aire. Un toxicómano burla el mono y el aburrimiento girando una rueda alemana que parece dotada de una vida propia. Y la terapia misma se vuelve una pesadilla cuando un hombre bajo observación se ve acosado por un ejército de psis, animados con la idea fija de proyectarle en los aires con una báscula. Pero es permitido esperar porque el circo también es un instrumento de terapia.

Un hombre irascible calma sus nervios bailando en una cuerda lisa, una que tiene agorafobia vuelve a tener confianza en si misma balanceándose en los aires, animada por sus compañeros que le gritan «¡Haznos algo de enfermo mental!”. La energía liberatoria y alegre de los artes circenses hace de remedio universal para esos personajes fuera de la norma.

El conjunto es brillante, desborda de energía y sienta muy bien. Mi dedicatoria especial va a los dos números de malabares increíbles de maestría y de creatividad de Florent Lestage que han impresionado a más de uno en toda la asamblea. Se trata de un circo moderno y exigente, de un nivel muy alto, tanto en la originalidad de la creación y la puesta en escena como en la técnica de los artistas. PSY se merece su segundo título de «mad circus» : un OVNI totalmente loco, que deja admirativo y pasmado.

Jules

 

Información Interesante
Puedes encontrar más información sobre PSY, como los nombres de los artistas que componen el espectáculo, una breve biografía de cada uno, etc aquí.

El video que hay a continuación es el promocional del espectáculo PSY:

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A continuación os pongo el artículo en francés, el idioma original en el que se escribió, por si quereis practicar el francés o para aquellos francohablantes que no sepan español.

Psy, des 7 doigts de la main : Un truc de malade mental.

Un spectacle de cirque sur le thème de la psychothérapie ? C’est le défi osé que la compagnie Québécoise les 7 doigts de la mains et la formidable équipe d’artistes qui a accepté de se prêter à leur jeu relèvent avec Psy. Difficile pour le spectateur de savoir à quoi s’attendre tant les deux principes de base qui sous-tendent cette création semblent incompatibles, mal assortis. Alors, à quoi va t’on assister ? Alors que le public s’installe, une projection vidéo passée en boucle représente des tâches d’encre s’élargissant lentement pour dessiner une de ces figures énigmatiques du test de Rorschach. La scène évoque un bureau de psy très cliché, avec la chaise du docteur et le divan du patient. Un trapèze pend au plafond. Comment concilier ces deux univers si parallèles ? S’agira-t-il seulement de reprendre les codes esthétiques de l’univers de la psychanalyse pour s’en servir comme toile de fond ? Quelle approche pour faire coexister prouesses acrobatiques spectaculaires et plongées au cœur de l’intimité du soi ? Comment rapprocher un art des corps et du mouvement basé sur la maitrise et le contrôle de soi, d’une science de l’esprit et du langage, qui s’épanouit là où affleure l’inconscient, le dérapage, l’incontrôlé ? Les lumières s’éteignent et la réponse vient comme une claque.

Les saynètes et numéros qui constituent l’ensemble du spectacle s’enchainent, plus beaux et plus impressionnants les uns que les autres, servis par un casting d’artistes polyvalents et exceptionnellement doués. On est à la frontière entre le cirque, la danse, le mime et la comédie, dans une volonté affichée de repousser les limites du genre. Le caractère onirique des scènes représentées est soutenu par une bande son électro, qui doit beaucoup à Caravan Palace mais aussi à Birdy Nam Nam ou encore The Avalanches. 11 personnages évoluent sur scène, chacun aux prises avec ses propres démons, seul face à ses angoisses et à ses limites. Guidé par des voix intérieures, un homme enchaine des figures incongrues sur un trapèze. Un autre, souffrant de troubles obsessionnels, s’agite au milieu de la foule qui l’entraine dans un ballet acrobatique endiablé. Le trouble psychique s’exprime par le corps, faisant de ces malades des figures étranges, extraordinaires et poétiques. Névroses et traumatismes occasionnent des images d’une originalité et d’une intensité captivantes. Un homme remonte dans ses souvenirs d’enfance, et un goûter d’anniversaire se transforme en une impressionnante danse des couteaux. L’humour, surtout, est omniprésent. Une insomniaque tente de trouver une position pour dormir sur un mat chinois. Une thérapie de groupe tourne au foutraque quand chacun laisse libre cours à ses émotions dans un joyeux bordel ambiant.

Mais toute cette joie de vivre n’empêche pas de traiter de sujets sérieux, comme l’aliénation sociale et la frustration engendrés par les troubles psychiques. Un homme timide à la recherche d’identité voit les autres arborant des masques blancs dénués d’expressions l’entourer dans un ballet menaçant, avant d’enfiler lui-même un masque à l’envers, pour danser en équilibre la tête en bas. Un toxicomane trompe son manque et son ennui en tournant dans une roue Allemande qui semble douée d’une vie propre. Et la thérapie elle même tourne au cauchemar, quand un homme sous observation se voit harcelé par une armée de psys, animés de l’idée fixe de le projeter en l’air à l’aide d’une bascule. Mais l’espoir est permis, car le cirque est aussi un instrument de thérapie. Une colérique passe ses nerfs en dansant sur une corde lisse, une agoraphobe reprend confiance en elle en se balançant dans les airs, sous les encouragements de ses camarades. «Fais nous un truc de malade mental !» lui crie l’un d’entre eux. L’énergie libératrice et jubilatoire des arts du cirque fait office de remède universel pour ces personnages hors-norme.

L’ensemble est brillant, débordant d’énergie et fait beaucoup de bien. Ma mention spéciale va aux deux numéros de jonglerie hallucinants de maitrise et de créativité de Florent Lestage qui en ont bluffé plus d’un dans l’assemblée. On a affaire à du cirque moderne et exigeant, de très haut niveau, tant dans l’originalité de la création et de la mise en scène que dans la technique des artistes. Psy n’usurpe pas son sous-titre de «mad circus» : un ovni complètement fou, qui laisse admiratif et sans voix.

Jules

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